En el acto por el
aniversario 25 de la
Victoria de Playa Girón, Fidel recordaría:
“La noche del 14 al 15 de abril estábamos
de pie, en el Estado Mayor que teníamos improvisado en una zona de la Ciudad
de La Habana, pendientes de lo que iba a ocurrir en Oriente, si se producía
o no el desembarco, cuando al amanecer los aviones pasaron rasantes,
precisamente por encima de donde estábamos, y se dirigían hacia Ciudad
Libertad. Resultaba extraño que hubieran lanzado el ataque aéreo de 36 a 38
horas antes del ataque principal, tal vez pensaron que nos engañarían con el
desembarco que intentaron realizar aquella noche del 14 al 15 por la zona de
Baracoa; allí los estaban esperando, si hubieran desembarcado, hubieran
durado, realmente, bastante poco.”
El bombardeo a Santiago de Cuba no había
sido una acción de distracción, sino un objetivo de neutralización concebido
por la CIA en apoyo a la Operación Marte y puso en evidencia ante las
autoridades cubanas que había llegado el momento cumbre de la agresión.
Cuba contaba entonces con ocho pilotos de
combate y solo tres de ellos tenían experiencia en enfrentamientos con el
enemigo, por lo que el número de los atacantes era superior en una
proporción de seis a uno, lo que no impidió que los cubanos enfrentaran
valerosamente a los mercenarios y los derrotaran en el aire, apoyados desde
tierra por la artillería antiaérea. En estos enfrentamientos a la invasión
mercenaria, Cuba perdió dos pilotos, Luis Silva Tablada y Carlos Ulloa y al
capitán Orestes Acosta cuyo avión desapareció presumiblemente derribado
cuando realizaba una misión de patrullaje y reconocimiento entre Santiago de
Cuba y Baracoa, al amanecer del 15 de abril, poco antes del ataque a los
aeropuertos.
Unas horas antes, dada la presencia de
ese despliegue de naves, se le ordenó al capitán Orestes Acosta
despegar en un T-33 y sobrevolar la zona para esclarecer la información. A
su regreso, informó por radio que no había podido precisar bien la cantidad
de barcos y pidió que se le preparara un avión mucho más lento, pues con él
podría ver mejor.
Cuando se encontraba al sur de la pista,
tan solo a un minuto del aeropuerto de Santiago de Cuba, se comunicó con la
torre de control para avisar de su llegada. Después su avión explotó y
desapareció en el aire. Todo hace presumir, por la manera en que ocurrieron
los hechos, que fue derribado por un navío, o por un cohete aire-aire desde
algún avión norteamericano. Es así, que este magnífico compañero se
convirtió en el primer combatiente caído en el enfrentamiento a la invasión
mercenaria.