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José Martí, crónicas francesas

 

José Martí, crónicas francesas

Nara Araujo*

Es conocida la relación personal del escritor cubano José Martí con México y con los Estados Unidos, países donde vivió, escribió y amo. Quizás no lo es tanto su contacto con Francia y su cultura.

Estuvo en ese país en dos ocasiones, siempre al regreso a América, concluidos sus dos destierros en España. En 1874 y 1879 paso por Paris. Permaneció allí días invernales, recorrió museos, tomo apuntes, se entusiasmo con Sarah Bernhardt y se impregno de la atmósfera parisiense.

Martí dominaba el francés, lo disfrutaba, había penetrado la esencia de esa lengua. Su primera traducción publicada fue Mis hijos, de Víctor Hugo, que apareció en forma de folletín en la Revista Universal de México. 

En su nota introductoria al primer fragmento, del 18 de marzo de 1875, Martí expresa su alegría y preocupación por traducir a Hugo pues teme traicionar su estilo. Aspira a escribir en buen español, pero siente que es capaz de afrancesarse con tal de seguir "esa inteligencia que va más allá de los idiomas".

En algún momento el francés fue para el medio de vida. No sólo fue traductor, escribió crónicas en francés. Su dominio de la lengua se extendía a Francia, su geografía e historia, su literatura, teatro y pintura. En 1877 impartió clases de francés en Guatemala. 

Lo francés ocupo en su formación como escritor y en su esfera de intereses un lugar destacado. Francia aparecía en aquel entonces, por su pasado revolucionario y su presente democrático, por su desarrollo cultural, como un ejemplo admirable.

Durante varios años se dedico a seguir de cerca los acontecimientos franceses, como seguía los de otros países europeos y americanos. Lo obligaba su labor como corresponsal extranjero para la revista caraqueña La Opinión Nacional y su colaboración en Nueva York con The Hour y The Sun.

En sus crónicas, con seudónimo o su firma, simpatizaba con Gambetta, explicaba el funcionamiento del sistema político francés, de la prensa; comentaba matrimonios y defunciones, se ocupaba de libros nuevos, estrenos, repertorios teatrales. 

Lo acontecido le suscitaba una sentencia moral, una reflexión filosófica, una valoración histórica, un juicio estético.

De los narradores, apreciaba por su buen estilo a Daubet y a los hermanos Goncourt. Pero prefirió por encima de todos a Flaubert, a quien dedico un ensayo por su libro Bouvard et Pecuchet, en cuyas páginas encontró la elocuencia de Cervantes o de Rabelais y la sencillez de los tiempos homéricos.

Su relación con Zolá era ambivalente, reconocía la importancia educadora de mostrar los abismos del vicio pero rechazada, con razón, su sistematicidad. Martí tenía fe en el ser humano y en su recuperación moral. De los poetas veneró a Hugo y negó a los parnasianos, por sus frases melodiosas, vacías de sentido.

Fue un eficaz comentarista de la vida teatral parisiense, admiraba fervientemente a la Bernhardt, analizo en detalle muchos de los estrenos del momento, a partir de sus conocimientos de los clásicos, y presintiendo la transitoriedad del teatro francés de aquella época.

En sus textos siempre aparecía Paris: la Academia, la Sorbona, el Odeon, la Comedia Francesa, la Opera. Martí dibujo el flujo y reflujo de la ciudad de acuerdo con el cambio de las estaciones. De los pintores amo a los impresionistas, pero se extasió con Corot, Millet y Courbet; valoro a Watteau, Boucher, Gros y Gericault.

Contemplo sus obras en los museos parisienses y fue asiduo visitante de las exposiciones mostradas en Nueva York. 

La visión martiana de Francia es integral. Aprecio su cultura en las obras y en sus hacedores. No descuido otros aspectos, como las instituciones, la prensa, los hábitos de recreación, la cocina, la sicología o el ritmo citadino del Paris que conoció y amo. Difusor en América del acontecimiento francés, amen de otros, Martí escribió sobre Francia con oficio y deleite.

                              * (Especial para El Nuevo Fénix)

 
     

UPEC Sancti Spíritus Céspedes No.10  Sancti Spíritus, Cuba.  Tel: 25678, 27987

Edición: Humberto Concepción Toledo   Diseño: Mirelys Rodríguez Hernández

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