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Martí: Un deber vivo Sonia Ortiz Amaró
Martí presenció el nacimiento del imperialismo y la visión que sobre él tuvo fue tan precisa que llegó a tocar su esencia. En aquel momento su tarea fue avizorar sus pretensiones en relación con América Latina y Cuba y su repercusión para los países pobres del mundo. Posterior a la muerte de Martí tal etapa de la evolución del capitalismo continuó desarrollándose y el mundo comenzó a conocer entonces nuevas y más brutales formas de explotación y discriminación. Se necesitaba por tanto de un pensamiento Antiimperialista que orientara a los pueblos en la lucha por la justicia tal y como lo hizo en su momento el ideólogo de la guerra del 95 en Cuba. En la década del 20 en nuestro país se da una rica fusión de importantes figuras de diferentes épocas que devienen líderes del movimiento obrero y estudiantil y que se caracterizaron por ser consecuentemente Antiimperialistas en cuya base siempre estuvo Martí. Carlos Baliño, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena constituyen la máxima expresión de la guía del activismo revolucionario en estos años. Mella, a quien se considera como el primero que se percata de la necesidad del pensamiento martiano en la República Neocolonial y su utilidad para las luchas revolucionarias, expresó sobre Martí: “Él, orgánicamente revolucionario, fue el intérprete de una necesidad social de transformación en un momento dado. Hoy, igualmente revolucionario habría sido quizá el intérprete de la necesidad social del momento”. Otro joven que se destaca a partir de aquí es Juan Marinello quien valora como núcleo del antiimperialismo, en los análisis de nuestro Héroe Nacional, la problemática de los prejuicios sociales existentes en América Latina y sobre todo, los prejuicios raciales, donde la raza blanca (EE.UU.) se atribuye el derecho de discriminar a los mestizos e indios (Latinoamérica).Él considera que: “el ideario práctico de Martí lo lleva a reconocer dos problemas: la unidad que es afectada por el imperialismo, porque divide al mundo en razas; y la libertad, porque la economía privada del imperialismo impide la libertad de los pueblos”. Posterior a él se destacan sencillos y valientes jóvenes que como Martí fueron revolucionarios de pensamiento y acción. Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara, Armando Hart, Carlos Rafael Rodríguez y Cintio Vitier, entre otros hicieron del pensamiento martiano una realidad antes y después de 1959. Recientemente Hart ha dicho que como mismo “Luz dijo que Varela fue el primero que nos enseñó a pensar, Luz fue el primero que nos enseñó a conocer y Martí fue el primero que nos enseñó a cómo actuar, cómo actuar para vencer”. Faustino Pérez es otro revolucionario y martiano de cuna quien sintió desde pequeño las influencias del maestro. Se dice que escribía frases martianas y el nombre del héroe en todos los rincones de su hogar en el campo. En enero de 1953 publicó un poema bajo el título de “ Centenario del apóstol ”. No es casualidad por tanto que constituya para los espirituanos y para Cuba un símbolo del proceso revolucionario hasta en sus etapas más difíciles. Tantos nombres de consecuentes martianos no caben en tan pequeño espacio pero sí los une el rasgo común de expresarse, a manera de síntesis, en el más trascendental de los continuadores de las ideas de Martí hasta hoy conocidos: Fidel Castro Ruz. En entrevista a él realizada Fidel expresó:“… Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano”. Y conocida es su frase “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos” cuando se defendía ante uno de los gobiernos más apologistas del imperialismo que conociera Cuba antes del triunfo revolucionario. Ver en estos ejemplos la continuidad del pensamiento martiano significa que como él han devenido héroes o mártires porque en su entrega han predominado, no impulsos caprichosos sino respuestas de los humildes ante las ofensas del imperio. En carta a Máximo Gómez, Martí le decía “ es un crimen valerse de la aspiración gloriosa de un pueblo para adelantar intereses o satisfacer odios personales. Es una obligación,- por cuyo cumplimiento honrarán mañana los nombres de nuestros hijos e irán los pueblos a retemplar su fe a nuestras tumbas,- disponer con desinterés… los elementos para el triunfo de la guerra inevitable ”. |
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