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Martí en Paraguay Mary Luz Borrego
...Hablando del Paraguay, no es posible escribir un artículo: hay que hacer un canto, puesto que allí las cosas están aún en la época fuerte y nueva del poema... Así definía José Martí su concepto de la recién independizada nación sudamericana al amigo y entonces importante político paraguayo José Decoud, en carta fechada en Nueva York, el 10 de abril de 1890, para comentar un libro que éste le enviara. Realmente, todavía no se ha escrito la última palabra de los nexos del Héroe Nacional cubano con este país. Quedan detalles nebulosos y dispersos. En los escritos consultados y en el testimonio de los descendientes de sus conocidos de aquella época aquí afloran no pocas contradicciones. Pero aún así brotan evidentes e innegables los lazos que unieron al Apóstol con estos confines al sur del Río Bravo. Lazos que sobrevivieron a una dictadura de casi 35 años y hoy se anudan con suma vehemencia.
Tras la huella de la historia En una pared de la Embajada cubana acá apareció la novedad para este reportaje. Tres cuadros muy sencillos exhiben la fotocopia del nombramiento original de José Martí como cónsul de Paraguay en Nueva York en 1890. El documento, firmado por Juan Crisóstomo Centurión, probablemente secretario de Relaciones Exteriores en aquel momento o con algún otro importante cargo en esa Cartera, conduce a Ligia Prieto de Centurión, viuda del bisnieto de Juan Crisóstomo. A pesar del largo tiempo transcurrido, esta apasionada mujer guarda intacto cada recuerdo: “Yo disfruto esa Isla de ustedes, me siento su hermana desde siempre, en broma algunos me dicen ‘La señora de Martí’. Según he podido averiguar, Juan Crisóstomo y él fundaron amistad durante el exilio político de Martí en Nueva York, después se casó con una cubana y fue a vivir a Santiago de Cuba como tres años. Ambos eran abogados, periodistas. Cuando ocupó puesto en el gobierno enseguida propuso a su conocido como cónsul, sabía que le sobraba capacidad e ímpetu para desempeñar esa responsabilidad.” Por su parte, José Bernabé, cercano colaborador del dictador Alfredo Stroessner, dedicó sorprendentemente un extenso material al asunto en su libro Hombres y símbolos. Allí asegura que Martí fue recomendado por el doctor, escritor y entonces ministro de Relaciones Exteriores José Decoud. Refiere, además, un considerable intercambio epistolar entre ambos, presumiblemente a partir de su encuentro en 1889 durante el Congreso Monetario Internacional celebrado en Washington, donde Decoud representó a Paraguay y Martí a Uruguay. En las cartas del Apóstol aparecen no pocas referencias halagadoras a ...un pueblo donde el carácter original iguala a la virtud heroica, ...al carácter genuino, y a mi juicio creador, de los paraguayos. Aunque no existen pruebas concluyentes al respecto, todo parece indicar que el cubano ilustre se desempeñó como cónsul de Paraguay en Nueva York a partir de julio de 1890, gracias a las sugerencias de Centurión y Decoud, pero sobre todo gracias a su talento, luces políticas y a ese amor y dedicación interminables por la América nuestra. Salvando las lógicas distancias impuestas por más de un siglo, y según el Prontuario diplomático del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, el nombramiento como Cónsul, a pwsar de que constituye un escalón inferior con respecto al de Embajador, implica facultades para proteger en el Estado receptor los intereses del Estado que envía y de sus nacionales, ya sean personas naturales o jurídicas y siempre dentro de los límites permitidos por el Derecho Internacional. Asimismo, permite fomentar el desarrollo de las relaciones comerciales, económicas, culturales y científicas entre ambas partes; promover los vínculos amistosos en general; extender pasaportes, visados y documentos de viaje; prestar ayuda y asistencia a los ciudadanos del país que representa; actuar en calidad de notario; comunicar decisiones judiciales y extrajudiciales, entre otras múltiples funciones de carácter administrativo. Muy difícil parece precisar hasta dónde pudo llegar el Maestro en sus afanes como representante de Paraguay y más engorroso todavía ha resultado para los investigadores determinar cuándo cesó en sus funciones. Algunos opinan que sólo se desempeñó por algunos meses, mientras otros aseguran que permaneció en el cargo hasta principios de 1895, cuando partió hacia Cuba a hacer la Guerra Necesaria. Los más soñadores incluso insinúan la posibilidad de una visita a Asunción como parte de su peregrinar por el continente. Nada probado hasta ahora.
Pero lo que sí se palpa aquí por doquier es el hálito, la presencia de su pensamiento, la búsqueda constante del mejor legado martiano, especialmente entre la gente progresista de este pueblo. En la propia Asunción y en Ciudad del Este dos calles llevan su nombre. En la escuela primaria República de Cuba el busto distingue la entrada. Los Versos Sencillos y el cuento Meñique ya pueden ser leídos en el idioma guaraní, gracias a la traducción del también poeta y escritor Félix de Guarania. “La editorial y un grupo de amigos asumimos los gastos. Disfruté mucho ese trabajo que atendió sobre todo el contenido y traté de conservar el ritmo, la forma. Quisiera hacer más porque mucha gente ha comprado esos libros. Martí ya se conocía aquí, antes de la dictadura, por los años 50, sus textos aparecían en los programas de enseñanza escolar. Es respetado, apreciado y admirado por los paraguayos. Esta es una forma de que la gente lo conozca más”. “De esa manera enriquece con su verbo esta parte de América, soleada, ruda y elemental como las poderosas aguas de sus ríos, densa como sus bosques, elevada como sus cúspides montañosas”, agrega el igualmente destacado intelectual Luis María Martínez, quien dirige desde hace unos cuatro años el Centro paraguayo de Estudios Martianos, donde publican una revista sobre el Maestro y la Isla en general. Cuentan que durante la dictadura, mencionar a Cuba aquí era como decir una mala palabra. Luego comenzó un proceso de acercamiento, de interés, apoyo y apertura. Pero la tradición de amistad se remonta mucho más atrás y comenzó oficialmente con el establecimiento de relaciones en 1902, sólo interrumpidas durante el gobierno de Stroessner y restablecidas después de su caída. Desde 1991 se fundó la Asociación paraguayo-cubana de cultura José Martí, hoy integrada por cientos de personas, para promover el conocimiento, la hermandad y solidaridad mutuos. Actualmente, los entronques de mayor solidez aparecen en el terreno de la salud, con la presencia de unos 100 médicos cubanos en los lugares más pobres e inhóspitos del país, y la formación en la Isla de cientos de jóvenes paraguayos en las ramas de Medicina, técnicos agropecuarios, forestal, deporte y cultura. Además, entre ambas partes existen acuerdos de cooperación en ciencia y tecnología, con el Centro de promoción de inversiones, convenios de intercambio educativo cultural. Ligia Prieto de Centurión, mujer de verbo ardiente, que colecciona las obras del Apóstol y cuyos caminos siempre conducen a la Isla caribeña, redondea magistralmente tantas cuartillas: “El pueblo paraguayo tiene un sentimiento grande hacia Cuba, hacia la Revolución, hacia Martí, cuyas ideas y conceptos constituyen un verdadero proyecto de liberación humana de permanente actualidad. Martí no es cubano, es universal, es un hombre incomparable, superior. El no ha muerto, ojalá en este 150 aniversario de su natalicio, en la Conferencia internacional por el equilibrio del mundo, toda la humanidad empiece a reconocerlo en su exacta talla”.
Nota: Agradecemos la colaboración de la Embajadora de Cuba en Paraguay, Irma González, decisiva para la realización de este trabajo. |
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