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Cundío: “Ese ingenio es mi casa”
El azucarero activo más viejo de Cuba sigue aferrado a su central Uruguay, sin olvidar sus aventuras como pelotero y boxeadorLas piernas, algo cansinas; el pelo, ensortijado debajo del casco blanco; la mente, lúcida. A Cundío no hay quién le invente un cuento en el central Uruguay. Con 67 zafras en las costillas, qué le puede sorprender a este hombre, el azucarero activo más veterano en todos los confines de la geografía de esta isla. “El día que tú te cases y tengas familia vas a saber lo que es caña”, le había anticipado su padre, mientras la juventud andaba encabritada en su cuerpo. En 1939 llegó el bautizo de fuego. “Eso fue en la colonia Gladys, a unos 7 kilómetros de aquí, de Jatibonico. Aquella caña quemá’ estaba más negra que yo. Estuve allí como una semana, hasta que recibí una carta. Me la trajo el mismísimo Genaro Melero, que era maquinista del ingenio. Tenía que presentarme al otro día en el central. Ni me bañé, ni comí; salí por todo el callejón y no paré hasta Jatibonico”. Primero, en la carpintería; luego en la llamada área de los huecos; después en la de bagazo. El almacén de azúcar también conoció de sus pasos. “Una vez Miguel García me dijo: ‘Si el Partido Socialista Popular triunfa te voy a poner a trabajar en la planta’. En ese lugar no querían negros”. Para muchos ser negro era una cicatriz, una herejía. Cundío no maquilla las palabras. En la memoria tiene plantado frente a él aquel guardia con el sombrero hacia arriba, en un bar del pueblo. - ¿Para quién es eso? -le pregunta con tono desafiante, mientras apuntaba hacia un bocadito y una malta Hatuey. - Para mi señora -dijo. - ¿Y quién dijo que los negros tienen señoras? Eso es pa’ los alzados, pa’ Fidel. Si te cojo en un escampa’o, ahí mismo te vas a quedar. Meses atrás, durante la huelga del 9 de abril, Cundío dejó de trabajar tres días. “Eran como cuatro los dueños del central. Había un americano que le decían míster Sol, que era malísimo; siempre andaba con un perrito blanco. Cuando la gente, que estaba sentá’, veía aparecer el perro primero, decía: ‘Ahí viene el americano’, y se levantaba al momento. “Esos americanos le sacaban el quilo a uno. Si alguien se ponía pesa’o mandaban a buscar la Guardia Rural, y decían: Oye, vete pa’llá que a fulano hay que domarlo”. ¿Cómo subsistía su familia durante el tiempo muerto?“Después de la zafra cogíamos un anticipo con un hombre que lo llamaban El japonés y comprábamos los mandados en su tienda. Luego vendíamos algunas cosas en menor precio para comprar la leche, el carbón, y pagar la luz eléctrica. “Había que inventar para vivir. Yo me metí a boxeador. Fui a boxear a Cristales, a la valla de gallos, contra Felipe Echemendía, que tenía una mano pesá’. Él me dijo: ‘Oye, ¿qué vas a hacer?’. Chico, yo no puedo quedar mal aquí. Y me respondió: ‘Ni yo tampoco’. Al final le dije: Vamos a hacer una cosa, en el round que viene tú me tiras un gancho por abajo y no me paro más. Felipe se llevó 5 pesos y yo 2. Así eran las peleas de antes. “Yo fui a pelear a Sancti Spíritus; pero, muchacho, aquello no había quién lo aguantara. Me voy pa’ la pelota, dije. Estuve 15 ó 20 años en eso. Me iba a jugar al campo, a Jobo, a La Angelina, con Rey, en la locomotora; con Valle, y de regreso, traíamos una caja de fideos y unos quilos. De los catchers que tuvo el difunto Genaro Melero, él único que queda vivo soy yo”. Poco después del triunfo de enero Cundío no jugó más a la pelota y laboró como operario en la planta del central; pasó por otros oficios y hoy se desempeña en los trajines de limpieza en el área del basculador. “Para durar hasta hoy siempre recuerdo lo que decía mi padre, que en paz descanse: ‘Nunca andes con las manos metí’as en los bolsillos que eso es de vagos’. “Al entrar al central le digo a mi gente: ¿Estás oliendo cómo está ese fenómeno? Ese mela’o tiene que tener 35. Pregúntaselo a cualquier puntista y verás si es mentira. “A veces llego aquí, a mi casa, y mi hija me pregunta: ‘¿Dónde tú estabas?’, y le digo: por ahí. ‘No, tú estabas en el ingenio; papi, al ingenio no le van a poner tu nombre’. Otros me dicen: ‘Cundío, ¿tú compraste el central?’. En verdad, ese ingenio es mi casa”. ¿Cuándo recoge los guantes de aquí?“Hace poco me entrevistó Rafael Daniel, el periodista de la Televisión, y me preguntó: ‘Cundío, ¿cuándo por fin tú te vas? No me digas que el 26 de julio, como siempre. Y le respondí: cuando vea al Comandante bien y salir de nuevo por la Televisión, al otro día voy a Personal y digo: Aquí está mi carné”. Sólo en escasos documentos, entre estos el expediente laboral, aparece registrado con su nombre de pila completo: Francisco de Paula Rabí Avilés. Y no dudo que entre paréntesis esté escrito: Cundío. “Eso de Cundío me viene porque yo en mi barrio jugaba mucho a los escondidos, al juego del policía y el bandolero, y casi nunca me encontraban y cuando alguien preguntaba por mí decían: “Tá’ condío”. Desde entonces se me quedó para siempre ese apodo”. Tomado de Escambray http://www.escambray.cu/ |
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