La verdadera herencia de los Manso Contreras
Yiccy Alfonso Díaz*
Dieciséis millones de libras esterlinas, presuntamente
depositadas en un banco inglés desde 1704 con un 5 por ciento de interés
anual y seis baúles repletos de monedas y joyas de oro incorporados casi
un siglo después, son buscados todavía por miles de personas que se
autoproclaman herederas de dicha fortuna en Sancti Spíritus y en toda
Cuba. A propósito del reciente estreno del filme El cuerno de la
abundancia, inspirado en esta historia, Escambray rescata de sus
archivos…La verdadera herencia de los Manso Contreras
Esta historia comenzó en el año 1605 cuando arribó a nuestra isla
procedente de Granada, España, el señor don Francisco Manso Contreras,
con el firme propósito de plantar en este archipiélago la semilla de una
familia que años más tarde ostentaría reputación en todos los Registros
Civiles y Notarías del país.
Cierto tiempo después, específicamente en 1704, cuenta la leyenda que
un cura descendiente de esta familia, nombrado Antonio Manso Contreras,
depositó en la cuenta No. 7, de la bóveda 23, del Banco de Orfola, en
Inglaterra, una suma ascendente a 16 millones de libras esterlinas, con
un 5 por ciento de interés anual.
Así las cosas, continuó incrementándose el número de descendientes de
esta casta; de generación en generación se trasmitía aquella cuantiosa
fortuna que, con el decurso de los años se hizo mucho mayor. Tantas
fueron las riquezas recaudadas por este apellido que el 24 de febrero de
1789, siguiendo la tradición de sus antepasados, una monja llamada Sor
María de Jesús de San Francisco Manso de Medina le dio la encomienda a
uno de sus sobrinos, don Joseph Manso Contreras Pérez de Prado, de
llevar seis baúles repletos de monedas y prendas de oro hacia Inglaterra
a bordo del buque El Titán, comandado por un hombre de confianza de la
familia, Thomas Marrinson. Según cuentan, para realizar dicha travesía
el referido sobrino viajó con el seudónimo de Gerónimo Páez Villafranco,
para que así el buque no fuera reconocido por los corsarios y piratas
como de la familia, que a la sazón se contaba entre las más acaudaladas
de la época.
COMIENZA LA MADEJA
Poco a poco murieron los descendientes de esta progenie, sin que
nunca nadie se adjudicara los depósitos realizados en Inglaterra, pero
se ha comentado por quienes más conocen de esta historia, que dos monjas
de la familia, nacidas del matrimonio de Bartolomé Manso Contreras de
Medina y doña Josefa de Loyola de Monteagudo, llamadas Sor María Isabel
de Santísimo Sacramento y Sor María Dolores de la Resurrección, antes de
morir, escribieron un testamento a favor de sus padres, de no existir
estos a favor de sus tíos y de morir aquellos, a favor de su
descendencia sin límites, decisión esta última considerada como clave
para la conexión entre el mito Manso Contreras y nuestra realidad.
Se dice que en el año 1925 el periódico El Heraldo de Cuba publicó un
artículo donde se referían todos los pormenores de la herencia y se
solicitaba a los herederos que realizaran las gestiones pertinentes para
adjudicarse la misma, pues habían transcurrido ya 200 años sin que se
hubiera hecho movimiento alguno en el depósito y los intereses tenían el
banco al borde de la quiebra.
Con la noticia se armó tremendo revuelo, todos en la isla querían
llevar tan distinguido apellido, que por cierto para ese entonces,
debido a varias uniones matrimoniales, se encontraba mezclado con muchos
otros, también muy honorables como eran Rodríguez de Mendoza, Campo, de
Medina, Pérez de Prado, Guevara Loyola, Buenaventura y Arroyo, entre
otros.
EL ÚLTIMO REVUELO
De acuerdo con nuestras investigaciones, uno de los movimientos más
intensos efectuados para hacer efectiva esta herencia ocurrió en la
década de los 30. Después vino una etapa de tregua aparente, ya que en
el seno de cada posible heredero nunca se apagó la idea de que en algún
momento aquel golpe de suerte llegaría.
Una muestra de este sentimiento oculto lo constituye el hecho de que
en el año 1985, cuando ya todo parecía olvidado, nuevamente los
sucesores de esta prole revolucionaron los archivos del país en busca de
certificaciones de nacimiento, matrimonio y defunción, con la finalidad
de demostrar su inclusión en el tronco común de tan preciado árbol
genealógico, situación que no ha cambiado mucho desde entonces hasta
hoy.
A la par se organizaron en comisiones a niveles municipal, provincial
y nacional, encargadas de recibir y revisar los diferentes documentos,
que en aras de demostrar el parentesco habían sido recopilados por los
familiares.
A raíz de dicha situación procedieron algunas investigaciones por los
organismos competentes, cuyos resultados no fueron los más alentadores,
porque se conoció que en el Siglo XIX el banco donde supuestamente se
realizó la entrega se disolvió; ello trajo consigo que se perdiera gran
cantidad de depósitos, donde seguramente estaría el que nos ocupa, ya
que este no se pudo encontrar.
Según los cálculos, existen en estos momentos 3 000 personas que
proceden de dicha estirpe; Cuba cuenta con el 75 por ciento de esta
población, diseminada por todo el país; las provincias de Camagüey,
Villa Clara, La Habana, Ciego de Ávila y la nuestra, constituyen los
polos más importantes. El resto de los posibles herederos se encuentra
residiendo en los Estados Unidos y Venezuela, fundamentalmente.
Por supuesto, la fe ciega en el triunfo no ha sido la única razón que
ha permitido que este mito haya perdurado durante tanto tiempo, también
un grupo de personas “inteligentes”, valiéndose del desconocimiento que
sobre trámites judiciales posee parte de la población implicada en el
asunto, se ha encargado de colorear la esperanza de los herederos,
implicando nombres de personalidades importantes del país, quienes nada
han tenido que ver en la referida cuestión y han intentado comprometer a
instituciones como el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Crédito y
Comercio, los cuales se han mantenido siempre al margen del tema.
Otros, por su parte, han convertido la herencia en un jugoso negocio,
porque se han especializado en confeccionar árboles genealógicos y
planillas de posibles herederos, todo lo cual tiene un precio en el
mercado informal.
RAZONES MAYORES
Ahora bien, apartándonos de que exista o no la herencia, hay un
grupo de razones que imposibilitan hacer efectiva su adquisición. Así,
si el depósito se hubiese realizado por un personal eclesiástico siendo
de su propiedad, automáticamente esta fortuna, en el momento de su
muerte, debió pasar a engrosar las arcas de la Iglesia. Por otra parte,
no se ha encontrado, hasta el momento, comprobante de depósito que
acredite la existencia de dicha suma en el Banco de Orfola.
Además, nuestro Código Civil en su artículo 467.1 regula dos formas
de sucesión: testamentaria e intestada; en el caso de la testamentaria
se necesita un testamento donde se instituya por parte del causante los
herederos, título que no tienen en su poder los referidos sucesores. En
el caso de la sucesión por Ley o intestada se inicia a través de un
proceso de Declaratoria de Herederos que, por haber transcurrido más de
300 años resulta imposible desarrollarlo, pues ha prescripto ya la
acción civil, de conformidad con lo establecido en el artículo 114 del
Código Civil.
Con los elementos que hemos expuesto se aportan razones más que
suficientes para llamar a la reflexión de todo aquel que se sienta en
algún modo identificado con el problema. En ningún momento nuestra
intención ha sido matar las esperanzas de nadie, sólo pretendemos
brindar información que le permita a cada cual sacar sus propias
conclusiones, pero algo sí queda claro: al parecer el viejo refrán que
reza: “Cuando el río suena es porque piedras trae”, al menos en esta
ocasión no se cumple.
(Este trabajo fue publicada originalmente en Escambray el sábado 19
de febrero de 2000).
*La autora es Licenciada en Derecho y colabora con
nuestro semanario desde hace una década.
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