Lalito: El decano de la campiña

 

EnlaceUnión de Periodistas de Cuba. UPEC.

                                                 
 

  Especiales

 

Utilitarios

 

Enlaces

Lalito: El decano de la campiña

Lalito cumple casi 30 años como presidente de una cooperativa.Mary Luz Borrego

Arcadio Oraldo González, “Lalito”, cumple casi 30 años como presidente de la cooperativa más grande de Cuba. Hablador, atrevido y ocurrente, desgrana sus sabidurías y anécdotas para Escambray

Aquella mañana despuntó con llovizna fina, pero las guaguas llegaron temprano. A él lo acababan de elegir como Presidente de la cooperativa. Después recordaría ese instante como el peor de su vida. Venían alemanes, chinos, una delegación de no recuerda cuántas naciones. Estaba tenso. Entonces asomó por la puerta del ómnibus Juan León, un funcionario de la ANAP que ya conocía, y le soltó a boca de jarro la pregunta que recuerda exacta:

-Lalo, ¿para qué está bueno el día hoy? Él se quedó desconcertado sin saber qué responder.

-Pa’ recoger yaguas, le dijo con naturalidad, como una clase que retuvo para siempre.

Desde entonces Arcadio Oraldo González, un nombre que sólo le sirve para los documentos oficiales porque para los demás reza como Lalito o Lali, no ha dejado de ser el guajiro macho más hablador, atrevido y ocurrente de por estos rumbos. Sin embargo, no vive del cuento: hace casi 30 años los campesinos de la comarca lo eligen una y otra vez para llevar las riendas de la cooperativa más grande de Cuba, hasta inscribirlo como el que mayor tiempo suma en esa responsabilidad en toda la provincia.

Ahora se acomoda el sombrero de paño sobre la figura corpulenta y atildada, reniega de las tantas reuniones que le acorralan el tiempo y de esa diabetes inoportuna al borde de sus casi 60 años. Sale de la oficina sin lujos en la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Juan González, donde entra madrugador todos los días del mundo, a un costado de Cabaiguán; mira a los alrededores, que sabe como la palma de su mano y se dispone, entre curioso y montaraz, a un cuestionario que no mandó a llamar.  

Algunos dicen que usted es un guajiro habilidoso, en la conversación parece noble, ¿qué atributos se necesitan para dirigir durante tantos años?

“Las dos cosas, soy una persona, sin ser autosuficiente, más bien noble, pero hay que ser un poco pícaro también, no a la hora de dirigir, sino de los negocios: el viejo mío decía y yo a cada rato me acuerdo de él porque aprendí mucho a su lado; la tierra sola no es la que da, el hombre vive de los brazos, de la inteligencia, yo no he sido tan inteligente, pero he tenido un colectivo bastante bueno en la dirección de la cooperativa y hemos ido encaminando el trabajo.

“Hoy por hoy es difícil dirigir una cooperativa, sin recursos ni nada. No tengo ningún título, solamente la lengua, hablo dondequiera, no tengo nada que perder, soy un guajiro y nadie me puede criticar si digo una palabra mal dicha. Como guajiro puedo vivir orgulloso de pertenecer a todas las organizaciones, haber sido diputado, miembro del Comité Nacional de la ANAP por más de 20 años, del Comité del Partido, delegado directo a los congresos. A cada rato le digo a la gente en broma: no sé por qué me meten en todo, y creo que eso ha sido por el respeto que le tienen a uno y el respeto que uno le tiene a los demás, siempre con la verdad y la honradez por delante”.

Por ahí comentan que los guajiros de Cabaiguán son macetas y viven bien…

“Los guajiros de Cabaiguán trabajan mucho y tienen porque han obtenido resultados. No sé si será por el vestir, la gente se cree cosas. Hay algunos que aparentan y están contra reloj. En las cooperativas no hay nadie maceta, aquí toda una vida se ha vivido por un salario y por un salario nadie se vuelve rico. El ejemplo va conmigo, la gente piensa que soy maceta, pero sólo cuento con los brazos pa’ trabajar”.

La “Juan González”, con más de 250 caballerías de tierra y casi 170 socios, alcanzó su mayúsculo esplendor con las vegas de tabaco, aunque hoy se dedican fundamentalmente a la ganadería y complementan con los cultivos varios. Ostenta decenas de banderas y reconocimientos. Poco a poco se fue tragando a cooperativas vecinas para salvarlas de la bancarrota y mantiene bajo el brazo un atractivo envidiable: jamás ha perdido su rentabilidad.  

Lalito nació con pico fácil para las anécdotas y se le ocurren las más insólitas comparaciones. Alguna vez aseguró en público: “El problema es que nosotros los guajiros no somos ni vaca ni buey”. Y cuando alguien le pidió que se explicara respondió campante y sonante: “Nada, que para algunas cosas las cooperativas somos particulares y para otras somos estatales”.

Las cooperativas no son estatales, pero sí una forma de producción socialista que aquí ha demostrado eficiencia sin capital mixto, ¿qué mañas se necesitan para salir adelante?

“Una de las mañas es mantener todos los cultivos para calzar uno con el otro si un año viene malo. El Estado también ve que las cooperativas han ido bajando en la producción y, por ejemplo, ahora cambió el precio del ganado, de la leche; el que no sea rentable hoy en la ganadería es porque nunca ha trabajado con una vaca. Y en los cultivos igual, han subido los precios.

“Esta cooperativa ha sido celosa en el sentido de tener buenas carretas y camiones para llevar la gente y estimularla, aunque ahora no hay nada. Hemos cumplido por tener un colectivo muy unido, por  el trabajo de la comunidad y de todas las organizaciones políticas y de masas que han sabido estar siempre juntas”.

¿Con tantos retiros encuentra jóvenes que quieran trabajar en el campo? ¿Todavía usted cree en las cooperativas?

“Tenemos problemas con eso, para qué te voy a engañar. Antes llegar aquí era un estímulo, esta es una cooperativa grande, con buenos resultados económicos, se hacían viviendas, todo el mundo venía buscando mejoría. Ahora muchos se han ido a otros trabajos, la vida es muy dura en el campo y no se ha atendido a las cooperativas como realmente hay que atenderlas.

“Hablar de esto es un poco complejo, hay una cosa que se relaciona con la fuerza de trabajo y la productividad del hombre y son los recursos: la escasez de algunos insumos, combustible, herbicidas, piezas de repuesto, eso influye en todo. A veces tenemos la divisa en la mano, se nos rompe un tractor, pero cuando se enteran que somos CPA no nos venden, hace seis años que no me venden una soga, un cubo para ordeñar, nada. Al campesino hay que ayudarlo un poco más, venderle lo que necesita para trabajar.

 “Hay algo que me dice que ahora las cosas van a cambiar, Cabaiguán ha tenido las mejores cooperativas porque cuenta con buenas tierras, pero también por sus campesinos. Somos más grandes que cualquier empresa, necesitamos más aseguramientos por parte de la Agricultura. La atención al hombre lleva unas cuantas cosas, a veces la gente anda descalza, sin ropa y en otros organismos hay de todo. Los planes siguen siendo grandes, el pueblo necesita la comida, seguimos trabajando y creo ciegamente en el futuro de las cooperativas”.

Con apenas 14 años, se involucró con su viejo y toda la familia en la cuerda locura de fundar la CPA. Entonces contaban con tres caballerías y vivían cómodamente, pero el padre quiso seguir los sueños que había aprendido leyendo sobre las cooperativas de flores en Bulgaria. Sólo plantó una condición: que los hijos pudieran acompañarlo. Al final, sólo Lalito le quedó cerca, primero como Pecuario y ordeñador, luego como Presidente.

Entre sus pasiones, todavía padece la fiebre de los caballos y aunque ya no los pueda montar, “porque estoy viejo y gordo”, si le pasa una buena bestia por la orilla hasta detiene la máquina para mirarla. Por eso, a nadie le sorprendió que casi llorara la muerte y hasta haya decidido enterrar a Guamá, el caballo que se llevó todos los premios de las ferias y se convirtió en símbolo de la cooperativa.

Usted ha hablado en ocho ocasiones con Fidel, dicen que una vez lo paró en el “Carlos Marx” y estuvo una hora haciéndole preguntas.

“Hablar con el Comandante, figúrate. Aquel día me preguntó una cantidad de cosas que no las dominaba como hoy: que cuántas toneladas de cemento le ponía a una casa, le dije que de 20 a 24 toneladas, aquello era una animalá’, pero no tanto viéndolo en la práctica. Después él discutió con todas las provincias, se viró a hacerles preguntas a los Ministros y ninguno le supo decir. Puso el micrófono pa’ arriba, él cuando se pone bravo es del cará’ y dijo que todos éramos unos idiotas, ninguno sabía cuánto llevaba una casa.

“Luego me dice: ‘Ven acá, ¿y cuántas toneladas de acero lleva?, dime tú, yo no soy albañil, dígale: Comandante, yo no le puedo hablar de toneladas, le puedo hablar de rollos, y dice Pepe Ramírez, que era el presidente de la ANAP: ‘Rollo es el que tú has formado aquí’. Figúrese, eso fue en el ‘Carlos Marx’, había un frío del cará’ y a mí me caían las gotas de sudor por la guayaberita pa’ atrás. Hasta él se echó a reír”.

Lalito, un hombre que antes se tomaba una botella de ron a cuncún sólo para ganar una apuesta y a quien muchos pintan como empedernido jaranero, quizás lleva dentro mucho más alma que aspereza: “Algunos dirán: ‘Bueno, si no quiere dirigir, que renuncie’, pero yo creo que no me podría ir nunca porque la cooperativa ha sido mi familia, mi viejo la fundó y no podría defraudarlo a él, ni a los cooperativistas. No estoy aquí por un gusto, sino por una razón de ser, la cooperativa ya es parte de mi vida, de mi familia, cada año que pasa me voy agarrando más a esto y el día que me falte me sería mejor dejar de vivir”.

Retroceder Página anterior Regresar página anterior   Inicio de página Subir inicio de página

Usar página de inicio Usar como página inicial                     Favoritos Adicionar a Favoritos                    Logo Sugerir Sugerir a un amigo  

Buscar en Enlace Busca                        Buscar en Google                         Buscar en Yahoo                              Buscar en Altavista

Enlace. Copyright © 2006 - Todos los derechos reservados.

Céspedes # 10  Sancti Spíritus, Cuba.        Tel: 53 041 25678, 53 04127987         e-mail: cip308@cip.enet.cu