Serafín Sánchez: Insustituible colaborador de
Martí
Alain Jiménez
En junio de 1891 José Martí vio por vez primera a quien sería luego
uno de sus principales amigos y colaboradores: el General Serafín
Sánchez Valdivia. El patriota espirituano se presentó en la oficina de
Martí en Nueva York y se puso a su disposición.
“A partir de ese momento Martí tuvo la posibilidad de contar entre sus
ayudantes más cercanos con un hombre de la talla del General Serafín
Sánchez, quien era muy conocido y tenía gran prestigio por su actuación
en la Guerra de los Diez Años y la Guerra Chiquita. Fue un apoyo
imprescindible en su empeño por crear el Partido Revolucionario Cubano”,
asegura Mario Valdés, historiador de la ciudad de Sancti Spíritus.
Serafín Sánchez promovió el acercamiento entre Martí y el Generalísimo
Máximo Gómez y se encargó de difundir las ideas del Apóstol entre los
cubanos residentes en La Florida. Martí envió más de un centenar de
cartas, cablegramas y telegramas al héroe espirituano en los que se
trataba una cuestión primordial: la preparación de la guerra contra el
colonialismo español, que se inició posteriormente, el 24 de febrero de
1895.
Mario Valdés, quien es un ferviente estudioso de la vida y obra de Martí
y Serafín Sánchez, considera que la relación de ambos próceres fue muy
estrecha. “En las cartas que Martí le escribe a Serafín le habla de
asuntos que refiere a muy pocas personas, como la relación con su
esposa, las enfermedades que lo aquejan y los atentados de que ha sido
objeto, es decir, temas que casi constituían un secreto”.
Por encargo de Martí, el General espirituano escogió al enviado
principal del Partido Revolucionario Cubano a la Isla y defendió el
proyecto del partido en el seno de la Convención Cubana, formada por
emigrantes de la isla en la Florida, entre otras misiones. Tras la
muerte del Apóstol, continuó siendo fiel a sus ideas.
“Serafín Sánchez preparó a un grupo de compañeros que en la Asamblea de
Jimaguayú (donde debía aprobarse una nueva constitución) defendieron la
concepción que tenía Martí de la guerra y de la república en armas”,
apunta Valdés.
No se había equivocado el Apóstol, cuando en una de sus cartas a Serafín
le escribió: “Vale la pena vivir cuando se vive entre hombres, cuando --
en el rincón del cariño -- se ha dado asiento a hombres como usted”.
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