Un soñador, pero no el único

 

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Un soñador, pero no el único

Víctor EchenagusíaVíctor Echenagusía, reconocida personalidad de la cultura espirituana y protector del patrimonio trinitario, se sumerge en los peliagudos vericuetos de la conservación de esa ciudad y su Valle de los Ingenios

Mary Luz Borrego

Él no sería Víctor Echenagusía sin la abultada melena cana y ese despampanante bigote blanco, donde algunos bromistas aseguran que se le enreda el verbo. Él no sería Víctor Echenagusía sin esa locuacidad por lo bajo, con palabras seguras y certeras, pero casi ininteligibles en su sencillez. Él no sería Víctor Echenagusía sin Trinidad y el Valle de los Ingenios.

En la calle, no pocos le sugieren parecido con Albert Einstein. Su pinta de hombre alto y desgarbado, de piel blanquísima, pese a los soles caribeños; esos espejuelos de armadura fina y el tono conciliador y mesurado de su diálogo sólo confirman una personalidad sabia. Polifacético, siempre creador, ha recibido infinidad de reconocimientos, incluida la Distinción por la Cultura Nacional.

Museólogo de formación, pero también escenógrafo y dibujante, se ha desempeñado en múltiples oficios y ocupado algunas responsabilidades: profesor, diseñador, ejecutivo, presidente de la UNEAC municipal y durante los últimos 20 años especialista de la Oficina del Conservador. Ha ofrecido conferencias en universidades norteamericanas, de España y Portugal; publicado múltiples artículos y un libro; realizado varias exposiciones; pero su nombre se hace sobre todo imprescindible a la hora de hablar de la arquitectura colonial trinitaria, de los quehaceres de restauración en esa villa y su Valle de los Ingenios.

Algunos especialistas han contrapunteado en torno a los valores patrimoniales de Sancti Spíritus y Trinidad, ¿qué partido toma usted en esa polémica?

Cada una tiene sus propios valores indudables e incuestionables. Trinidad es una ciudad de unos valores excepcionales desde el punto de vista de su patrimonio tangible e intangible y lo demuestra su condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Desde el punto de vista de la arquitectura, de las soluciones de espacio y decorativas posee puntos de contacto, como un cordón umbilical con Sancti Spíritus.

Sancti Spíritus, lamentablemente, quedó muy impactada por el desarrollo económico que desdibujó muchos elementos que hoy hubieran hecho posible una lectura más coherente de su evolución entre los siglos XVIII, XIX y XX. El comercio cercenó y desfiguró mucho su imagen. Eso no sucedió con Trinidad, donde la pobreza evitó transformaciones del  entorno urbano.

Trinidad sorprende por la coherencia de las formas, prácticamente intactas, no sólo en su parte externa, en las fachadas, sino también en sus interiores increíblemente conservados, aun hoy cuando existe cierto rejuego económico con el desarrollo del Turismo. El sentido de pertenencia de la población ha contribuido a preservar la ciudad, las personas realizan inversiones en sus viviendas, pero respetan en gran medida los valores de la arquitectura. En el Siglo XXI Trinidad sufrirá modificaciones, pero ahí entrará nuestro papel de formar la conciencia colectiva y que los impactos sean menores.

Sin embargo, no pocos valores que sustentaron la entrega de la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad hoy se han deteriorado.

Se han producido indisciplinas indudables por algunos ciudadanos que han quebrantado lo establecido en la ley, han violentado espacios, sustituido puertas o ventanas, han crecido en un segundo nivel. Ahora se trata de detener esos fenómenos, esas indisciplinas que se dan en cualquier otro sector de la sociedad; eso será una tarea de primer orden por parte de esta Oficina, se ha creado todo un sistema de inspectores, de monitoreo para frenar eso.

La vida provoca necesidades nuevas que en ocasiones conllevan a modificaciones en el patrimonio, pero si las situaciones que plantea la vida moderna en cada casa se canalizan a través de especialistas se pueden buscar soluciones, un punto de conciliación para un fenómeno complejo, no sólo de Trinidad sino de todas las partes del mundo donde exista un patrimonio a preservar.

Eso resulta muy complejo. La sociedad nuestra, con todos los mecanismos creados y el diseño de su política cultural, lo puede lograr, aunque parezca una utopía. Como decía Lennon, soy un soñador, pero no soy el único, somos muchos empeñados en esto.

¿Qué singularidades de Trinidad y el Valle considera más vulnerables y amenazadas en la actualidad?

La ciudad resulta más factible de controlar, la población toma cada día más conciencia del fenómeno. En el Valle todo se hace más complejo, porque han sido menos divulgados sus valores paisajísticos y arqueológicos, además allí también interactúan reservas arqueológicas, de la flora y la fauna, valores arquitectónicos y etnográficos. Es tal el entramado de esos 300 kilómetros cuadrados que todo se hace muy complejo para que sea sustentable, sostenible y que los impactos medioambientales lo alteren lo menos posible.

No basta el recurso económico, también es un problema de educación, de lograr conciencia en todos los actores que deben intervenir en la preservación de este escenario cultural de la humanidad. Quienes viven allí son los que tienen que aprender a vivir en un territorio patrimonio mundial, al igual que los organismos como el MINAZ, MINAGRI, Flora y Fauna, el CITMA; tiene que crearse un sistema mediante el cual todos los organismos y entidades tributen hacia la preservación de este patrimonio.

A esto hay que sumarle los problemas económicos del país y del mundo, porque todo esto necesita cifras de dinero y de recursos. Los precios de los materiales imprescindibles para la restauración se están disparando todos los días, tenemos que sortear, además, el bloqueo; todavía recuerdo que hasta la condición de Patrimonio estuvo sujeta a peligros por la manipulación de nuestros enemigos históricos, quienes presionaron para que no la entregaran. Se necesita trabajar bastante con las escuelas, con la prensa para movilizar. Todo esto resulta bien difícil, pero es factible, hay que ponerlos a todos de acuerdo. Al menos, la voluntad política existe.

¿Qué acciones más trascendentes han emprendido para salvaguardar estas joyas del patrimonio mundial?

Nunca los esfuerzos serán suficientes. Creo que las autoridades han tomado una alta conciencia de lo que se juega el país con el mantenimiento de Trinidad y el Valle como Patrimonio de la Humanidad. Se han realizado acciones a todas las escalas para amortiguar los efectos del impacto al patrimonio y que este no se siga degradando.

Nuestro caso no es aislado, todos los sitios del patrimonio mundial se encuentran acechados por el mismo peligro.

Contamos con la ventaja de un sistema político-social que permite dar respuesta a estos problemas a corto, mediano y largo plazos.

¿Qué quedaría de Trinidad sin su patrimonio?

No sólo Trinidad, sino el país no puede darse el lujo de perder la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad, sería un golpe político muy fuerte, no lo imagino de esa manera, habría que hacer todos los esfuerzos posibles para que eso no ocurra porque está en juego nuestra identidad, el trabajo, los sueños y las utopías de muchas generaciones de cubanos.

Si se pronosticara un tsunami -y cruzo los dedos, por si acaso- y le pidieran salvar sólo tres reliquias del patrimonio trinitario, ¿cuáles escogería?

Conservaría la Plaza Mayor, exponente excepcional del desarrollo arquitectónico en Trinidad; la torre Manaca Iznaga, de las más importantes obras de ingeniería y arquitectura civil a escala de América y el Caribe, y las ruinas arqueológicas de San Isidro de los Destiladeros, porque allí está a nivel arqueológico una clara evidencia de los procesos fabriles en nuestros antiguos ingenios azucareros.

¿Acaso los trinitarios no han magnificado los valores de esta ciudad?, ¿considera que la mayoría de sus coterráneos saben apreciar estos valores o colocan sus intereses por encima de la ciudad?

No se han magnificado ni sobrestimado los valores de este patrimonio y no lo digo como hijo de este pueblo, sino que lo he podido comprobar con muchos expertos, con los cuales he intercambiado y me han manifestado su admiración por Trinidad y su Valle, no sólo para nuestra cultura, sino para la cultura de América. Este constituye un lugar excepcional, pocas ciudades en el continente son tan auténticas, conservan un patrimonio tan genuino, con tantos valores añadidos, desde el propio trinitario hasta las piedras por donde camina.

Creo que la conciencia de la población ha crecido a un ritmo importante, la propia condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad y el desarrollo del Turismo han coadyuvado a ello. Aquí han comprendido que una ciudad Patrimonio representa calidad de vida, bienestar. Atienden sus problemas, pero procuran que la ciudad se mantenga. A veces falta orientación, se toman decisiones a la ligera en estos tiempos tan dinámicos, pero ya se ven algunos frutos de las campañas que se han hecho a favor de Trinidad.

 

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