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Datos generales |
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En 1561 se crea la alcal-día |
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Población: 6 665 hab |
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Extensión: 30.8 km2 |
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Densidad población: 216 hab/km2 |
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Hermanada con:
Taguasco
desde 17 de octubre 1993 |
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Breña Alta
A unos 350 metros del nivel
del mar, en la vertiente este de la isla de La Palma se asienta el municipio
de Breña Alta. Antes de la conquista castellana estas tierras fueron sede
del pastoreo de las poblaciones aborígenes, luego de la llegada de los
colonos peninsulares el terreno se fragmentó y se repartió entre varias
familias castellanas de alto poder económico. Esta zona se convirtió en
lugar de recreo de terratenientes establecidos en Santa Cruz de La Palma,
donde pasaban temporadas disfrutando del clima y de los productos de la
agricultura.
Allá por la segunda mitad del XIX se importa de América el
cultivo del tabaco. Indianos retornados de Cuba traen consigo las mañas y
Las Breñas se consolida como un asentamiento perfecto para el cultivo y
manufacturación de la mata. Por lo tanto, la mayoría del terreno se adapta a
la nueva planta, obteniendo beneficios considerables. Comienza la industria
tabaquera. Se cultiva el tabaco, se recolecta, se seca y se amontona. Los
pureros dan forma a los tabacos o puros. Esta labor además de la puramente
industrial fue tomando cariz de arte y en la actualidad es una indudable
seña de identidad del municipio.
La agricultura a día de hoy sigue produciendo tabaco,
frutales y hortalizas. Además, la industria va irrumpiendo y se cuenta con
un polígono industrial, lo que da al municipio un orden económico activo.
Un paseo por Breña Alta nos llevará a la Ermita y Mirador
de La Concepción, enseñándonos excelentes paisajes (vistas de la Capital,
Las Breñas y el litoral oriental de la Isla); los Dragos Gemelos, el
Barranco de Juan Mayor y el Monasterio del Císter; el Mirador de la Cumbre,
desde donde podemos admirar espectaculares vistas hacia el mar y un paisaje
de bellos colores; la Iglesia de San Pedro; la Playa de Bajamar y el Muelle
Deportivo; los palmerales y la ermita de San Miguel.
La fiesta más importante del municipio es la de las Cruces,
la víspera del tres de mayo se engalanan los altares de cruces con flores,
telas y frutos del campo, es una exposición de vistosidad enorme. En mayo se
celebra San Isidro, se bendice el ganado en una hermosa exposición. El 29 de
junio, San Pedro pasa por debajo de un arco engalanado, son las fiestas del
patrón. El 15 de Agosto se celebra la fiesta de la Virgen de La Concepción,
cuya ermita esta situada cerca del mirador que lleva su nombre.
Vida política
El pueblo celebró la revolución de 1868. Pero la vuelta a
la normalidad, es decir, al sistema político basado en las clientelas y el
caciquismo, que se produjo de inmediato, y su mejor expresión fue el largo
mandato (de 1908 a 1920) del alcalde José M. Rodríguez Fernández, vinculado
a los políticos de la capital, especialmente a Francisco Abreu García, el
llamado "médico de los pobres", jefe de las filas del Partido Liberal. Se
trató de un marco de acción política que, sin embargo, logró avances
importantes en términos de bienestar relativo.
La mejora de las comunicaciones fue uno de los temas más
tratados y su testimonio quedó reflejado en el alpendre o venta rural con
pórtico de madera, situada a la vera de los antiguos caminos reales de "La
Cuesta" y "Buenavista", que comunicaban Santa Cruza de La Palma con el Valle
de Aridane y Breña Alta. El alcalde Antonio Afonso Álvarez, cesado por la
Dictadura de Primo de Rivera, realizó obras de mejora en la red de
abastecimiento de aguas de los manantiales de Aduares, Melchora y Aguacencio.
Las obras de infraestructura urbana continuaron durante la Segunda
República, coincidiendo con la emergencia de nuevas fuerzas sociales y
políticas y con un mayor nivel de conciencia social y cultural.
La Guerra Civil interrumpió este proceso modernizador y
provocó una fuerte represión física e ideológica, cuyo alcance aún se
desconoce. La lucha por la subsistencia obligó a explotar todos los recursos
disponibles. Las cementeras ampliaron su espacio y la tradicional artesanía
de bordados y calados, junto con la cestería de palma, de colmo (paja de
centeno), dieron empleo a las unidades familiares campesinas, que buscaron
la fortuna precisa para colocar a sus hijos en Venezuela.
La construcción del Aeropuerto de Buenavista en 1955 alivió
el paro, pero la miseria rural quedó al descubierto con el aluvión de 1957,
que ocasionó 22 muertos. La reconstrucción contó con la solidaridad de todos
los canarios de las islas y la migración, y con la ayuda oficial, gracias a
la gestión del paisano Blas Pérez González, ministro de Gobernación.
A partir de la década de 1960, la situación social y
económica inició un nuevo proceso modernizador, sustentado inicialmente en
las remesas enviadas de Venezuela y luego en el desarrollo de una economía
vinculada al sector servicios. Este hecho ha determinado la modificación de
los límites municipales a favor de la capital insular.
Desarrollo agrícola
La entrada del ganado en los terrenos de monte se vio
acompañada por el hacha y la azada, primero por la costumbre de aprovechar
las raíces de las helecheras para consumo humano y luego para sembrar papas
en los claros desmontados. Intervino también en esta roturación un intenso
carboneo, justificado por la pobreza del vecindario, mientras que la
terratenencia se mostraba sensible la la conservación del medio natural,
pero sólo de aquél que no podía privatizar.
En todo caso, la única alternativa posible a la miseria
rural fue la adopción de un modelo agrario expansivo y roturador, pues la
población del nuevo municipio experimentó un fuerte crecimiento de sus
efectivos durante este periodo (de 1043 habitantes en 1800 hasta los 1805 en
1834), explicable no solo por su propio saldo vegetativo, sino también por
un aporte inmigratorio de los pueblos comarcanos y por las limitaciones a la
emigración como consecuencia de la emancipación colonial.
Este modelo agrario expansivo alcanzó su limite en la
década de 1830, cuando al carácter regresivo que presenta a medio plazo todo
modelo de esta naturaleza, se le agregaron otras circunstancias
desfavorables. En síntesis, la inexistencia de un mercado interior para los
granos por la ruina definitiva de a viticultura, es decir, de la
especialización agraria que había constituido el fundamento de la economía
del pasado, las crisis agrarias y las catástrofes naturales (aluvión en
1847, con más de cien), y, por último, una mayor presión fiscal, originada
por los cambios en la hacienda estatal y por los recargos para atender la
implantación de los Puertos Francos y los gastos de Diputación Provincial de
Canarias y municipales.
Una presión fiscal que agravó las críticas circunstancias
de una estructura social en la que el grupo de jornaleros (65,6%), de
arrendatarios y medianeros(13%), representaban en 78,6% de las clases
agrarias. Se solicitó incluso el pago de las contribuciones mediante días de
trabajo en las obras públicas, al carecerse de numeración para afrontar las
exigencias del fisco. Todo ello originó, por último, la apertura del ciclo
migratorio contemporáneo, ahora en dirección sobre todo a las tierras de
frontera de Cuba, donde el breñusco creó nuevas vegas para la siembra de
tabaco. Una emigración que fue, incluso, superior al propio saldo vegetativo
anual, pues entre 1835 y 1837 la población de Breña Alta se redujo de 1805
habitantes a 1773.
El establecimiento de los Puertos Francos facilitó las
importaciones de granos del exterior, de modo que los de Breña Alta
perdieron su antaño destacado papel en la cobertura de la demanda de la
capital insular. El desarrollo de las nopaleras o tuneras para la cría de la
grana o cochinilla (Coccus cacti), un insecto cuyo tinte carmesí solicitaba
la manufactura europea, no alcanzó un significativo lugar en el espacio
agrario de la localidad (excepto la producción de madres para su venta en
las zonas cálidas de costas, más aptas para este nuevo renglón exportador).
De ahí que el excedente de fuerza de trabajo de las
unidades familiares debió buscar empleo en las zonas productoras de grana, o
hacerlo en Cuba, opción ésta que trató de impedir la terratenencia con
objeto de evitar que esta salida redujera la oferta de activos e
incrementase su salario en un momento en que crecía la demanda de mano de
obra por la expansión del nuevo producto exportador.
Una vez más, no se trató de emigración sino de migración.
Porque los indianos enviaron remesas a las familias que quedaban en este
lado e introdujeron en las medianías de Breña Alta el cultivo del tabaco,
adquiriendo incluso pequeños lotes a la terratenencia cuando se produjo la
crisis de la grana, como consecuencia de la generalización de las anilinas
artificiales. El tabaco de la Breña se desplazó a la Exposición Universal de
París, en 1867, y de 1878,y hacia 1880 se afirmaba que la variedad Breña
competía con lo mejor de las vegas de Cuba.
Nació así un cultivo y una industria artesana ligada a la
fabricación de puros, que mantiene su tradición hasta la actualidad. Otras
artesanías de importancia fueron los calados y bordados, que daban empleo a
la fuerza de trabajo familiar y cuya producción se destinaba al mercado
exterior.
Infraestructura y economía
El aumento del vecindario en ambas Breñas (que hacía 1590
contaba con 300 habitantes), determina también la creación de su alcaldía
ordinaria en 1561, dependiente de la alcaldía mayor del municipio, es decir,
bajo el control de la elite residente en la capital insular, con objeto de
administrar justicia en primera instancia.
En segundo lugar, determinó también la adopción de medidas
de infraestructura comunitaria, como el arreglo de caminos y de fuentes para
el abastecimiento de agua. En este sentido, merecen citarse los llamados
pozos de Bajamar, en los que se abastecían los vecinos, especialmente del
pago de Breña Baja, resolviéndose las disputas entre lavanderas, regantes y
demás usuarios del agua.
Finalmente, el crecimiento de la actividad productiva
requirió disponer de un "banco local", es decir, de un depósito para poder
prestar simiente y dinero a vecinos y labradores en años de malas cosechas,
destinando el caudal acumulado mediante el cobro de un bajo interés por los
préstamos realizados a atender otras necesidades del común. La institución
fue fundada en 1590 mediante 24 fanegas de trigo y 70 de centeno, aportadas
por los vecinos más pudientes. En 1613, Miguel de Brito y Juan Van De Walle
Bellido, grandes propietarios del lugar y regidores del municipio-isla,
convocaron a los vecinos a la salida de la misa mayor para acordar la
construcción del edificio del pósito, que se construyó tres años más tarde
junto a la iglesia y "en el cercado que al presente tiene su jefe Luis,
pegado al camino real". Con el pan del pósito se sustentó en 1622-1623 a la
gente que hizo el camino nuevo que "va a Tazacorte y Los Llanos y Tijarafe
desde la ciudad" y con sus "creces" se pagó la fábrica del retablo mayor de
la iglesia.
La actividad económica, basada en la articulación y
complementariedad del espacio agrario, es decir, de cereales en Breña Alta
(aunque en la costa baja del término y en algunos terrenos más altos crecían
también las vides), con objeto de abastecer la demanda de los productores
vitícolas, localizados fundamentalmente en Breña Baja, continuó su ritmo
ascendente enla primera mitad del siglo XVII.
Pero al mismo tiempo, esta expansión productiva consolidó
la formación de dos entidades que en el caso de Breña Baja, luchó por la
segregación de ambas Breñas, lo que consiguió en lo civil y religioso en
1634 y 1637, a pesar de la oposición de la terratenencia, que trató de
evitar sin éxito cualquier amenaza a su control del territorio.
No obstante, la segregación del territorio de Breña Baja no
afectó a la vida social y económica de la nueva jurisdicción de Breña Alta.
En 1688, esta nueva feligresía tenía 919 habitantes, una dimensión
demográfica que adquiere significado si consideramos que ambas Breñas tenían
poco más de 300 habitantes en 1590 y 1729 habitantes en 1688. Ahora bien, a
partir de esta fecha, ocurrió un cambio drástico en el modelo económico del
lugar, pues tal nivel de población no se alcanzaría son un siglo más tarde.
La contracción de la viticultura palmera, con motivo de la
competencia de los caldos lusitanos, y peninsulares en los mercados
coloniales y europeos, determinó una reducción del nivel de empleo al
sustituir los hacendados vitícolas la fuerza de trabajo asalariada y
temporera por medianeros, responsables ahora de atender todos los costes del
cultivo a cambio de percibir una participación en la cosecha que apenas
garantizaba la reproducción social de sus unidades familiares.
Y esta estrategia productiva determinó que el excedente de
mano de obra de las unidades familiares de pequeños propietarios y, sobre
todo de renteros y medianeros que faenaban en las tierras de cereal,
careciera a partir de ahora de ocupación temporera en las tierras de
viñedos. Además, arrendatarios y medianeros (es decir, la mayoría de la
población activa de Breña Alta) debieron hacer frente a una creciente
presión rentista a lo largo del siglo XVIII, pues la terratenencia deseaba a
toda costa mantener su perdido status socioeconómico como consecuencia de la
regresión vitícola.
La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santa Cruz
de La Palma, fundada en 1778, mostró una honda preocupación por mejorar el
quehacer agrario, siguiendo las directrices de la nueva agronomía, una
iniciativa que afectó al terrazgo de Breña Alta, pues gran parte del mismo
pertenecía a miembros de la elite ilustrada insular.
En este sentido, se trató del cultivo de árboles frutales,
especialmente de moreras para la industria de la seda. Con este objeto, se
suprimió en 1779 las costumbres de los agostos libres, es decir, el derecho
de pasto común en las rastrojeras durante el tiempo de barbecho, pues los
ganados destrozaban los pomares y nuevos plantíos. Pero bajo esta
preocupación agrarista, subyacían otros intereses.
La hoja de las moreras era otro renglón de renta para la
terratenencia. El desarrollo de la industria de la seda procuraba tafetanes
y medias para su explotación a Indias por parte de la casa mercantil y, en
fin, esta artesanía rural daba empleo a la unidad familiar campesina y
reducía la emigración y la falta de brazos para la agricultura. Estamos,
pues, en presencia de una estrategia que no resolvió los elementos
estructurales responsables de la regresión económica, pues aumentó la
presión rentista y la artesanía textil sedera no alivió el paro y la miseria
rural. Los testimonios disponibles indican un claro estancamiento de los
efectivos demográficos a lo largo de la centuria ilustrada (919 habitantes
en 1688, 989 en 1745, 902 en 1787 y 1043 en 1800), y una corriente
emigratoria en dirección a Cuba y Venezuela, más acusada en segunda mitad de
la centuria.
A pesar de la oposición de la oligarquía insular, que
pretendía continuar ejerciendo su control sobre los recursos de la isla
mediante la permanencia de una sola municipalidad (aunque con los retoques
necesarios con el fin de garantizar este objetivo), la aplicación del
decreto de las Cortes de Cádiz de 26 de Mayo de 1812, permitió que Breña
Alta constase como municipio propio, independiente del antiguo municipio. La
nueva entidad administrativa tomó posesión de los bienes y recursos
comunitarios y acometió el arreglo de los caminos y, sobre todo, la apertura
de nuevos pastos para el común, pues "muchos vecinos tienen ganado pero no
lugares donde éstos puedan apacentar", al suprimirse la práctica de los
agostos libres y avanzar la privatización de los bienes comunales.
Fiesta y arte
Breña Alta celebra sus fiestas patronales en honor de San
Pedro Apóstol, como todos los pueblos comarcanos. Su festividad más singular
es la Fiesta de las Cruces, el día 3 de Mayo, cuando las capillas de cruz,
dispersas por todo el municipio, se visten con bellas composiciones,
elaboradas con vegetales, flores, papel, artilugios mecánicos, y con
diversas prendas, en su mayoría de origen americano.
Breña Alta cuenta con notables ejemplos de arquitectura
tradicional, representada por las casas terreras y de alto y bajo, siguiendo
en ambos casos un modelo constructivo de origen portugués, y por casonas de
campo, algunas con oratorio particular, propiedad de una terratenencia que
residía en la capital insular y que pasaba largas temporadas en sus
respectivas haciendas.
El monasterio cisterciense fue fundado en 1946 por Dolores
Van de Walle y Fierro en Buenavista y que ocupa la casona que fue de Ana de
Monteverde Cabeza de Vaca, mujer del mercader flamenco Jerónimo Boot. La
Casa Mendoza, situada junto a la ermita de Nuestra Señora de La Concepción,
data del siglo XVII y perteneció al regidor Matías de Escobar Pereyra
(1618-1686), sargento mayor de La Palma. También próximo se encuentra la
Casa Van de Walle y Pinto, construida a fines del siglo XVI por el capitán
Gaspar Van de Walle (1578-1628), regidor y depositario general.
El origen de la Hacienda Álvarez Massieu se remonta a la
merced de tierra dada por Alonso Fernández de Lugo a Juan de Fraga. Según
Gaspar Fructuoso (1567-1568), más allá de las Cuevas Fragosas, donde se
recogían los isleños en la roca, "está la Viña de La Fraga, y luego el
barranco de Juan Mayor y después el Valle de Miraflores". La Hacienda
Massieu Campos y Castilla, en El Llanito, también en el siglo XVII,
perteneció al licenciado Pedro de Campos, natural de Cádiz.
La hacienda Smalley y Lemus, en Miranda, debe su nombre al
mercader burgalés y regidor Lesmes de Miranda. Finalmente, la casa de la
hacienda de Bajamar, en el pago de este nombre, se levanta en las fincas que
fueron del regidor Nicolás de Sotomayor Topete, con sus jardines de plantas
exóticas, fue proyectada y construida por Felipe de Paz Pérez (1848-1931),
destacado maestro de obras, a quien se debe también la residencia de la
familia Yánez, que se encuentra colgada sobre el risco de La Concepción.
La primitiva ermita de San Pedro constaba de una sola nave,
una capilla mayor y otra colateral. Después de 1622 se fabricó una pequeña
capilla colateral en el lado del Evangelio, denominada de las "Santas
Cruces", para colocar dos pequeñas cruces encontradas, según la leyenda, en
el interior de un trono de laurel. El templo adquiere su fisonomía actual en
la década de 1680, cuando los vecinos construyeron una nueva capilla mayor
ayudándose de las "creces" del pósito. El retablo mayor con columnas
salomónicas en el primer cuerpo, fue construido entre 1711 y 1718 y dorado
por el pintor Juan Manuel de Silva en 1737.
El tabernáculo presenta las pinturas de los cuatro
Evangelistas, de Bernardo Manuel de Silva (1655-1721). El antiguo San Pedro
Apóstol, inventariado ya en 1603, fue convertido en el siglo XVII en San
Pablo. Hacia 1709 fue sustituido por una nueva talla de San Pedro Papa que
Bernardo Manuel de Silva pintó para el retablo mayor de la parroquia de
Breña Baja (c.1706). Los retablos de las capillas colaterales, de severas
líneas neoclásicas, se hicieron en 1822 por el presbítero y arquitecto José
Joaquín Martín de Justa. En la capilla de Rosario se venera una virgen de
vestir del escultor palmero Aurelio Carmona López (1826-1901), seguidor de
Fernando Estévez. Cuenta también la parroquia con la escultura de San Juan
Bautista del imaginero dominico fray Marcos.
Breña Alta cuenta también con algunas ermitas de singular
belleza. Las de San Miguel, en Los Llanitos, construida en 1705 por el
licenciado Carlos Doménech y Montañés (1661-1711), beneficiado rector de la
parroquia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma, conserva la escultura de
San Miguel Triunfante, similar a la que preside el retablo mayor del
convento dominico de San Miguel de Las Victorias de Santa Cruz de La Palma
(1703), y un cuadro de iconografía singular: La Virgen de Aranzazu, patrona
de Guipúzcoa, donada por Salvador José Cayetano Doménech y Manrique de Lara.
La ermita de Nuestra Señora de La Concepción posee un buen
conjunto de pintura canaria de los siglos XVII y XVIII: los Arcángeles Uriel
y Miguel, Nuestro Señor de la Caída, retrato de la escultura del mismo tema
que se venera en la iglesia de San Francisco de Asís, en Santa Cruz de La
Palma, del imaginero sevillano Benito de Hita y Castillo; San Francisco y
San Ildefonso, que imitan santos-estatuas, y San Francisco Javier y San
Estanislao de Koska, adscritos al pincel del artista palmero Juan Manuel de
Silva (1687-1751). La platería americana esta representada por un cáliz de
plata realizado en La Habana en 1659, donado por el capitán Manuel de
Almeida, piloto de Indias.
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