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Datos generales |
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Lagos de Moreno es catalogada como un
conservatorio de tradiciones, que resulta imposible concebir aislada de su
entorno agreste. |
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Fundada: 31 de marzo de 1563 |
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Población: Más de 106 mil habitantes |
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Hermanada con:
Sancti Spíritus
desde 9
junio de 2003 |
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Lagos de Moreno
Lagos de Moreno, municipio de Jalisco, estado situado en la
parte suroeste de la República Mexicana en la altiplanicie Mexicana. En sus
áreas agrícolas se cultiva maíz, trigo, garbanzo y maguey. Se distingue por
su excelente ganadería y por su industria de aceites vegetales y
derivados de lácteos. Actualmente su población supera los 106 mil
habitantes.
Historia
Escudriñar la historia de Lagos de Moreno es como leer una
sinopsis de la historia mexicana: conquista relámpago, colonización azarosa
y ardua, pacificación penosa. B’squeda de oro en Real de Minas de Camanja,
pronto sobre explotado. Enorme mayorazgo de 400 mil hectáreas, la hacienda de
la Purísima Concepción de Ciénaga de Mata, sede de un marquesado,
desmantelado sin piedad en nombre de los “reformismos”. Premio al
proselitismo religioso, cuando el Vaticano le obsequió las reliquias
incorruptas de un santo romano, San Herminio, en 1791.
Pero la Alcaldía Mayor no fue solamente discípula
disciplinada, ciegamente leal a la Madre Patria que la había colmado como a
una Grande de los honores de la hispanidad. Ahí calaron hondo las ideas
libertarias. Parte porque el cura Hidalgo solía visitar esta importante sede
clerical y sobre todo porque el Lic. Primo de Verdad, nacido en Ciénaga,
había hecho un trabajo de zapa moral e intelectual de primer nivel. De
hecho, los cabecillas insurgentes, la tenían escogida, en primera línea,
para abrir el camino de la independencia.
Ciudad regia que aspiró a ser capital (y lo fue de facto
dos veces), no estaba sujetada a la lejana Corona, tenía su propio Escudo de
armas que la libraba de ser plebeya y le permitía pensar más libremente, más
como criolla que como española.
Conoció la independencia, la Reforma, los Imperios, la
Revolución o la Cristiana, aplicando bemoles que preservaban su status de
grandeza y lo pudo hacer gracias a una pleyade de personajes ilustres, de
próceres (entre ellos Pedro Moreno y familia), de artistas, que en conjunto,
le daban una conciencia y una capacidad de acción matizada de esta prudencia
propia de la verdadera sabiduría política para detectar riesgos, “impasses”,
trampas y aventurismos.
Aunque un general realista durante la Insurrección quiso
incendiar Lagos por su ‘obstinación”, esta es la que nos permite conocer hoy
una combinación de un centro histórico con un muestrario que va del siglo
XVI al Porfiriato, rodeado de una estela de bellas y grandes haciendas.
Obstinación también en el sentido más alto que convierte a Lagos de Moreno
en un conservatorio de tradiciones populares y castizas, litúrgicas y
laicas, civiles y políticas. Los barrios antiguos, con raíces fantasmas
indígenas, las fiestas patronales tan alteñas, el cultivo de artes y
oficios, el desarrollo de un sinnúmero de actividades culturales, hacen de
Lagos una ciudad real y –realmente- sin par.
Desde los inicios de las encomiendas, de las charrerías, de
las mercedes virreinales, es imposible concebir Lagos sin su entorno
agreste. No sólo porque la edificación de la ciudad se debe a la proximidad
de las aguadas y humedales, del río y de los lagos, sino porque, sobre el
sustrato de las tareas agrícolas y ganaderas, incluyendo los toros bravos,
se desarrolló una cultura totalmente ritmada por los equinoccios, organizada
y planeada alrededor de las faenas cotidianas y de los gestos muy exigentes
del campo hasta interferir con el sistema de valores, las relaciones
humanas, la jerarquía social, los juegos de alianzas matrimoniales, las
herencias, las migraciones, los ritos y la distribución de la riqueza.
Y claro que la charrería nació casi espontáneamente, por
las necesidades del campo y por las rivalidades entre hacendados y poderosos
rancheros, enseñoreados de la tierra y de la gente. Hoy Lagos brilla por las
grandes justas entre asociaciones, exhibe el enorme lienzo de Santa María y
tiene sus escuelas o santuarios de charrería como Las Cajas o La Labor, que
hacen perdurar, más allá de la tradición, un mexicanísimo modo de vida.
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