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“Quiero estar cuando regrese”
Arelys García Acosta
El presente testimonio de Mirta Rodríguez Pérez,
madre de Tony, deviene denuncia de la realidad vivida por Antonio
Guerrero y sus compañeros de lucha, víctimas de injustas condenas
impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos. Palabras llenas de
una profunda sensibilidad humana conmueven y movilizan la solidaridad
mundial a favor de la causa de los Cinco.
La puerta principal y las ventanas de
la sala están abiertas, abiertas a la claridad, al viento, a la
libertad. En las paredes retratos y pinturas evocan. La historia que
habita en cada uno de ellos ha crecido ante los ojos y el corazón de
Mirta Rodríguez Pérez, una mujer de sangre buena, como dijera mi
abuela Carmen.
Así es, viene de la cocina con las manos recién secadas y una disculpa
dulce se deja escuchar: “Las lechugas, las lavo después. Perdonen la
espera”.
Durante dos horas sus palabras tocaron los bordes ásperos del
infortunio que desde hace casi 10 años vive su hijo Antonio Guerrero y
sus otros cuatro hermanos de lucha presos injustamente en cárceles de
los Estados Unidos. Lo hace ajena al odio, al rencor.
“No te puedo decir todavía cómo va a ser el regreso, yo sé que va a
ser porque tenemos la razón y en alguna instancia tiene que hacerse
justicia y nuestros hijos tienen que regresar, eso es algo que no hay
quien no los quite de la cabeza.
“En estos momentos no se puede uno abrir a la debilidad sino sacar
fuerzas de donde no hay y procurar sobre todas las cosas que la mente
se mantenga activa porque, hay una realidad, el tiempo de nosotros es
indefinido, todos sabemos la manipulación que ha existido del caso de
los Cinco. No obstante hay que preservar la esperanza y la valentía
para estar al frente de esta lucha”.
Antonio Guerrero fue sancionado a cadena perpetua y a 10 años de
prisión, por los supuestos delitos de conspiración para matar y ser
agente extranjero no declarado.
Diciembre de 2001 fue un mes de recurrencias, de injusticia desbocada.
La jueza Joan Lenard impuso condenas con un extraordinario sentido de
la injusticia y del despilfarro. Nunca antes la decisión de un jurado
estadounidense había estado tan minada de prejuicios contra Cuba.
Cuatro cadenas perpetuas y 77 años de cárcel son en total las
sentencias dictadas contra Fernando González, Ramón Labañino,
Gerardo Hernández, René González y Antonio Guerrero.
“Hubo mucha valentía, mucha dignidad, Gerardo que fue el primero para
que contar y aquella sentencia, aquel circo que se hizo al siguiente
día con los familiares del derribo de las avionetas de Hermanos al
Rescate. Eso es imborrable ciertamente. Irmita, pobrecita, se sintió
tan abatida con la crueldad hecha a su papá. Elizabet estaba
destrozada.
“La novia de Tony, Margarita, tuvo la posibilidad de que le
autorizaran a ir y hablar de él en su juicio de sentencia, leyó dos
poemas y le dijo a la jueza el tiempo que llevaban juntos, quién era
él; pero ya tenían un veredicto preparado y no tenían oídos para nada
que no fuera lo que le habían ordenado hacer.
“Cuando le toca a Tony y están dando su sentencia, Margarita se
levanta del asiento y exclama: “¡Ohh!”, yo no entendía nada, entonces
Roberto, el hermano de René me aclara, cuando supe, ¡ayy, Dios mío!. Y
tú no puedes gritar y decir todo lo que tienes adentro y decirle a la
jueza y a la fiscalía hasta alma mía, y qué importa que nos lleven
presas. Simplemente estás atada sentimentalmente y guardas todo eso
ahí hasta que llegue el momento de sacarlo del pecho.”
Duele escuchar. Más, no todo se ha dicho. En este recuento hay lugar
para los castigos psicológicos ha que ha sido sometida Mirta más de
una vez. Los obstáculos para visitar a Tony antes y después de ser
intervenido quirúrgicamente de una hernia inguinal en enero de 2004
revelan saña y crueldad.
“Ese viernes llegué a la prisión y me encuentro que Tony no está en
computadora. Cuando pregunto por él me dicen que se lo llevaron para
un hospital. ¿Cómo que para un hospital?, dije yo. Luego supe qué
hospital era pero no pude ir porque estaba ubicado en otro estado
donde yo no estaba autorizada a viajar. Fíjate si actuaron con maldad.
Por si fuera poco, cuando operan a Tony lo sacan del hospital en un
avión con otros presos más, bien con su caja negra, para que no se
escapara, como si fuera un delincuente de la peor calaña. Lo sacan de
ahí y lo meten directamente en el hueco. Un enfermo que llega de un
hospital va directo al hueco.”
En el sólido frío de estas cuatro paredes;
en este criadero de nervios, que le llaman celda,
hay una luz que hiere como plomo los ojos,
es una estrella gris que inmóvil centellea,
es un rayo que apunta a la sien
y sientes cómo
te arrebata el misterio de la calma,
la esencia de una idea,
es una araña blanca que camina,
se acerca, te enreda y te voltea.
En la soledad del hueco cuajaron estos versos de Tony. En esa
verdadera mazmorra de la Edad Media estuvo sin contacto con su
familia, sin una carta, sin utensilios personales, ni siquiera un
cepillo de dientes.
“En esos 17 meses se le desarrolla su gingivitis, entonces se les
separaron algunos dientes, se les fueron corriendo. Este tipo de
enfermedad tú puedes vivir con ella toda la vida y preservar tus
dientes pero hay que cuidarlos, atenderlos. Como Tony no recibió
ningún tipo de atención se le movían las muelas y se las sacaban y así
perdió algunas piezas, tenía una dentadura tan linda.”
Antonio Guerrero, Héroe de la República de Cuba, está confinado ahora
en la prisión de Florence, en Denver, capital del estado
norteamericano de Colorado; una de las seis penitenciarías con régimen
más severo de ese país.
“Cuando llegamos a la prisión a nosotros nos chequea la recepción, un
chequeo previo de documentación y luego un chequeo previo para
detectar drogas o sustancias tóxicas. Entonces te examinan las manos y
algunas áreas. En los bajos de los pantalones, por el borde las mangas
de la blusa, por ahí te pasan la máquina.
“Yo me he convertido en un papelito de cebolla con esa máquina a
partir de aquel momento que me dio alterada y no pude ver a Tony el
día de las madres. Eso motivó que yo ahora siempre esté muy
prejuiciada con el asunto de la máquina. Concientemente sabes que no
llevas nada nocivo que te pueda culpar, pero mientras ellos deliberan
si la máquina se equivocó o no, toman la medida que les parece más
rápida y sencillamente se te marchita todo.
“Cada vez que te vas te sientes triste. Por un lado sabes que lo
viste, que está bien; pero por otro te queda la preocupación de
regresar mañana, ¿qué pasará mañana?. Y eso mismo le pasa a él. Las
tensiones que vivimos para el encuentro no son nada relajantes, al
contrario son muy tensas.
“Nunca he dejado de sentir una impresión muy fuerte al entrar a la
prisión. Cuando yo fui la primera vez me causó muchísima impresión
todo aquello, pero tenía la esperanza de que el tiempo de reclusión
sería breve, luego no fue así, ya han pasado alrededor de 10 años.”
Varias veces Mirta ha disfrutado la sonrisa del hijo que se sabe amado
y es capaz de salvar distancias a través de un hilo telefónico para
oler la comida de la vieja y espantar las tristezas.
“A veces estoy en la cocina y me llama. Entonces le digo: - Papa,
estoy haciendo lo que te gusta y me dice: - Conchó, después te llamo
para ver si quedó bueno. Y si hablo con él y es de noche le digo: -
Hijo, que duermas bien, mañana será otro día de combate, y él me
responde: No, ahora voy a dormir como un bebé, y yo le digo: y yo como
una bebita. Siempre estamos dándonos aliento mutuamente y luchando
mucho porque cuidemos de la salud y cuidarla implica no dejarte llevar
por los sentimientos profundamente porque de lo contrario no
dormirías.”
Desde marzo del pasado año Mirta no visita a Tony. La dilatación de
estos encuentros va más allá de la maldad.
“Es criminal que nosotros nada más podamos ir, los que podemos, una
vez al año a ver a nuestros hijos, eso es duro; pero más duro y más
cruel es que dos de ellos no puedan recibir las visitas de sus
esposas. Eso no es agredirte, darte golpes, eso es golpearte tu
psiquis, tu estado anímico. Sucede que Gerardo y René tienen una
fuerza de voluntad y un coraje que los ayuda, pero en el fondo es muy
doloroso. Por acá tienes a Olguita y Adriana que van sobrellevando ese
castigo, pero es criminal que Adriana no tenga un hijo siquiera para
retroalimentarse. Olguita también sufre. Esas son formas de
manipularnos a nosotros los familiares y de obviar el derecho que
tienen ellos de que sus familias los visiten. La SINA de aquí no nos
permite viajar si no es una vez al año. A mí me hace mucho mal cuando
tengo que ir a las entrevistas, no por nada, porque ellos son muy
respetuosos en ese sentido, a mí nunca me han maltratado, son
preguntas normales pero ya el hecho de estar allí, de ver la negativa
a muchas personas mayores y demás, eso te va poniendo tensa.”
La celda vive ajena al tiempo, a los años de Tony y Mirta, mas la
esperanza no se quebranta.
“Lo que más quiero es estar en ese regreso, no quisiera que la vida lo
maltratara de tal forma que él regrese y yo no esté. Es una decisión
mutua y no quiero fallarle.”
Tomado del sitio
Radio Sancti Spíritus
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