Manuel
Echevarría Gómez
DESPUÉS DE DEDICARLE 55 AÑOS
AL MICRÓFONO, LA MESA DE REDACCIÓN Y EL MAGISTERIO, EL DECANO
DE LOS PERIODISTAS ESPIRITUANOS MANEJÓ A SU ANTOJO HASTA SU
MUERTE LA VITALIDAD
Y LA MANÍA DE COSECHAR AMIGOS. CON ESTE TRABAJO SE RINDIÓ
HOMENAJE A SU CONDICIÓN DE SÍMBOLO DE LA PRENSA
ESPIRITUANA.
Un
interlocutor nada común espera por mis preguntas: un hombre que
le regaló 55 años al Periodismo, a las contingencias y los
avatares de más de medio siglo entre micrófonos y redacciones,
y que para colmo de regocijo confiesa con cierta modestia, cómo
en las últimas tres décadas su magisterio ha ido alumbrando de
alguna manera a más de una generación de espirituanos
dedicados al oficio.
Pedro
Andrés Nápoles Álvarez comienza a desgranar anécdotas,
referencias puntuales de su paso por la vida. Desde la pared
cercana, una instantánea de los años mozos le hace un guiño
de complicidad y el humo del puro vuelve a mezclar las
nostalgias.
EL
DESCUBRIMIENTO
"Mis
padres tenían manera de vivir". Así parece resumirse la
socorrida niñez de quien hizo la preparatoria para ingresar en
la segunda enseñanza en la Academia Remington de su Sancti Spíritus
natal. Corrían los últimos años de la década del 30 y los
dueños de la CMHB, la Voz del Yayabo, lo oyeron recitar en un
programa auspiciado por la escuela particular. "Tenía
entonces 15 años y mi padre me autorizó a trabajar por ratos,
siempre y cuando no abandonara los estudios.
"En
esa época había que ser locutor araña, tenías que operar la
consola de audio con dos platos de tocadiscos, cambiar la aguja
cada vez que ponía un número para no echar a perder la placa,
redactar los anuncios que mantenían a la emisora y aguzar los
reflejos. Aquella era una planta muy pobre que trabajaba a
intervalos; pero allí se produjo mi debut. Me pagaban 40
centavos a la semana.
Después
con un grupo de jóvenes que también ganaron nombre con el
despegue de la radio local, le propuso al dueño mantener la
trasmisión de 7:00 am a 11:00 pm, y a inicios de los años 40
concibieron programas, redactaban noticieros de goma y tijera a
partir de los periódicos nacionales y ante la imposibilidad de
estudiar Periodismo en La Habana, se acogió a un curso por
correspondencia en una escuela norteamericana.
El
auge del Periodismo en la tierra del Yayabo surge en 1945 con la
CMHT, cuando ya Nápoles era un experimentado locutor y nadie
dudó en requisarlo para la nueva planta. Redactaba los
noticieros y se valía de los corresponsales, sobre del de la
Estación de Policía que aportaba la crónica roja. La
inmediatez seguía siendo un desafío: "Recuerdo que aquel
famoso accidente relacionado con el secuestro de (Juan Manuel)
Fangio lo dimos a conocer al momento". Alguien que pasa lo
saluda desde la acera, lo saca de la trampa que la memoria le va
tendiendo y lo devuelve a la realidad, a los reclamos de las
pequeñeces cotidianas. Entonces regresa inquieto tras sus
huellas para encontrarse convertido en cabeza de familia al
morir el padre, simultaneando el micrófono con la oficina.
¡QUE
TIEMPOS AQUELLOS¡
Volvemos
a la carga para rescatar en los pliegues del tiempo otra arista
del hombre de la radio, que escribía y conducía espacios
estelares dedicados a la música y al acervo campesino. Así
conoció a Marcial Benítez, el sinsonte espirituano, creador de
la tonada Palmarito: "Yo escribía los guiones de sus
programas".
"Teofilito
estaba siempre metido en la emisora, dirigía grupos campesinos
y trabamos una buena amistad: le revisaba la letra de algunas
canciones, le miraba la concordancia. Una vez le pasé a máquina
una pieza que llevaba el título de Eloina, basada en un hecho
real. Tenía diálogos, voces de soprano y barítono. Era como
una zarzuela, pero nunca se llegó a estrenar".
Así,
entre testimonio y revelación aflora la veta humorística, la
incursión en el mundo de la décima y la poesía, que llegó a
publicarse en revistas como Carteles y Vanidades, compuso
sonetos dedicados a Agustín Lara y a Pedro Vargas, sus astros
preferidos. Arturo Liendo le agradeció desde la famosa RHC
Cadena Azul el envio de un poema que escenificó en uno de sus
programas.
TIEMPO
DE CAMBIO
Cuando
la duda apunta, una pausa de inquietud le surca el semblante,
las manos se mueven inquietas otra vez y la mesura regresa con
otra "cachada" al desvencijado tabaco que resiste los
embates de la impaciencia.
Los
recuerdos se agolpan, pero van tomando la distancia que el
tiempo impuso a tanto bregar desperdigado en aquellos trajines
de la radio: el comité de locutores ortodoxos, el golpe de
Estado de 1952, Batista, los vínculos con el Movimiento 26 de
Julio, la supresión de las garantías, la censura de prensa, la
represión los Mirabales y, al fin, el 23 de diciembre del ’58
y la unión de las plantas locales en la Cadena Radial de la
Libertad, que llegó a escucharse en todo el país. "Tenía
una frecuencia libre, que no había quien la interrumpiera"
A
tono con las circunstancias se abría otro capítulo en su
trayectoria, quizás el más agradecido y prominente de toda su
labor: la creación del Movimiento de corresponsales. Los dirigió
y entrenó, creó para ellos un programa semanal, pero también
fue redactor del Boletín Regional y encauzó a los fundadores
de Escambray con sus cursillos técnicos.
Siempre
quedó tiempo para ocuparse de sí mismo: "Cuando yo estudié
Bachillerato el átomo era indivisible y después vino la bomba
atómica, así es que matriculé la Facultad Obrera-Campesina y
la terminé; ya había estudiado Comercio y cuando llega la
división político administrativa fui subdirector económico de
la Dirección Provincial de la Radio, pero eso sí, nunca
abandoné el micrófono".
LA
JUBILACIÓN
A
estas alturas de la vida, cuando ronda las ocho décadas, la
jubilación no parece amedrentarle los sueños. Se retiró en
octubre de 1989 con 55 años de trabajo y la solidaridad humana
se le hizo presencia. Aquel defecto físico que jamás le acarreó
problemas de subestimación ni limitó su voluntad, lo llevó al
colectivo de la Asociación Cubana de Limitados Físicos
Motores. "Me enamoré de aquello". Tanto que hoy es
miembro del Comité Ejecutivo de la provincia, visita los
municipios, se mantiene activo y de vez en vez, escribe por
encargo.
Pedro
Andrés Nápoles es fundador de la UPEC, miembro de la UNEAC,
posee la Distinción Por la Cultura Nacional y la Condición de
Símbolo Humano, las medallas Félix Elmuza y Raúl Gómez García,
y el Micrófono de la Radio Cubana, máximo reconocimiento que
otorga el ICRT.
Cecilia,
la esposa, llega con el café y surge otra alusión a la
constancia: 42 Años de matrimonio bien llevado. Tras el sorbo,
el humo vuelve a llenar las distancias. Aprovecho la pausa y lo
observo con detenimiento: todo parece convincente y puntual,
intactas la sencillez, la nobleza y la manía de cosechar
amigos. La agenda se rinde ante el peso de las confidencias.